Cuando era pequeño me resultaba muy difícil probar alimentos nuevos. Mi tendencia a evitar cualquier cosa que no fuera McDonald’s o comidas cubanas era tan famosa en mi familia, que a los ocho años mis abuelos maternos me obligaban literalmente a comer donuts, porque ni me gustaba su olor y mucho menos su sabor. Por supuesto, al final me gustaron, pero así es como yo era en ese tiempo.




