“Aterrizamos” en el Centro Espacial Kennedy de Cabo Cañaveral, Florida, el domingo a las doce del mediodía, exhaustos luego de una noche de poco dormir, pero al mismo tiempo entusiasmados por el viaje que acabábamos de comenzar. Probablemente ubicaremos a Orlando al regreso de nuestro recorrido desde Maine el mes próximo, pero por ahora pensé que el Centro Espacial Kennedy era el sitio idóneo para iniciar nuestro viaje épico, porque soy gran admirador de todo lo relacionado con la exploración espacial, y también quería despertar la imaginación de mis hijos con respecto a nuestro viaje.
El hecho de llevarlos a Cabo Cañaveral se pagó con creces. Mis dos hijos mayores tenían que comprender, en principio, la escala de lo que ha logrado nuestra nación en el espacio, la magnitud de las hazañas logradas, y lo “chévere” que sería poder convertirse algún día en astronauta. Aparentemente, Jonathan fue el que más se impresionó ante el cohete monstruoso Saturn V de 363 pies que nos propulsó a la Luna. Por su parte, lo mejor para Elena resultó tocar un fragmento real de roca lunar, mientras que la parte favorita de Briani fue volvernos locos a los cuatro, corriendo detrás de ella.






