La Gran Recesión con la que gran parte de la población está lidiando, me ha proporcionado una enseñanza vital para todos los padres: no se puede confiar en una profesión o un título universitario único para subsistir.
En mis veinte años de carrera me siento realmente bendecido de haber podido estudiar y trabajar duro para tener éxito como comerciante, ejecutivo de compañías de medios, periodista, profesional de las relaciones públicas y fotógrafo profesional. Tener múltiples destrezas me ha ayudado a no quedar desempleado en los últimos tiempos económicos difíciles, y también me ha servido enormemente para crear negocios triunfantes en un clima económico adverso.
Como procedo de una familia de obreros, créanme que no estoy tratado de jactarme de haber hecho esto o aquello. Lo que quiero decir realmente es que la tecnología y los malos tiempos económicos han tomado por asalto mis pensamientos para convencerme totalmente de que, como padre, no es inteligente criar a mis tres hijos para que dependan de un título o una profesión única para vivir.
Los tiempos de las profesiones eternas y los títulos vitalicios han quedado atrás. Hay evidencias de ello en todas partes, incluyendo Silicon Valley, una de las regiones más instruidas del país.
Un amigo muy querido de la familia, profesor de carrera con una Maestría a quien conoce mi hijo mayor, es un ejemplo de lo que he dicho anteriormente, pues en la actualidad no ha podido conseguir un empleo como maestro a tiempo completo, ni en las escuelas privadas ni las públicas, y lo único que logra es trabajos a jornada parcial. Al igual que mi amigo, hay muchas más personas con títulos universitarios que enfrentan actualmente el desempleo. No culpo a las universidades, porque en última instancia el profesional es responsable de perfeccionar y actualizar sus conocimientos. Sin embargo, me desagrada que gran parte de las instituciones de enseñanza universitaria están orientadas de manera lineal, y producen graduados que usualmente son diestros en una sola disciplina.
Hace un par de meses asistí a una conferencia en Nueva York, donde un profesor de Arquitectura a quien conocí analizaba el rápido paso cambiante de la educación superior. Alguien le preguntó cuál era el consejo más importante que les da a sus alumnos con respecto a las técnicas que les enseña. El profesor respondió lo siguiente: “Les digo que el contenido que les imparto en clase no es importante. La destreza más importante que necesitarán mis alumnos es aprender cómo aprender”.
Considero que ese es el mejor consejo que puede darle un profesor a sus alumnos. Y también es una recomendación excelente para nosotros los padres.
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En el próximo capítulo analizaremos algunos trucos de crianza para enseñarles a nuestros hijos a pensar como empresarios.
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