Mi hijo Jonathan, tiene 10 años, la misma edad que yo tenía cuando experimenté, por primera vez, lo que era la tiranía de un compañero de escuela.
Yo tenía mi “tirano” cuando tenía 10 años y por lo que sé hoy ese rufián podría estar vagando en alguna parte alrededor de Miami y se hace llamar Rolan Maimo.
Puede ser que en el presente él sea un individuo maravilloso, pero en 1980 yo lo detestaba absolutamente. Lo más raro sobre Maimo (todos lo llamaban así por su apellido) era que el chico tenía el complejo de “Dr. Jeckyl y de Sr. Hyde” conmigo que un día, en cualquier momento él me escogía para molestarme y al día siguiente me trataba como si fuera su mejor amigo.
Fuera de bromas él me ponía en vergüenza delante de otras niñas de 10 años, por eso yo prefería que Maimo pensara que yo era su amigo y así lo sobrellevé por casi dos años.
Maimo continuó como mi perverso rufián/amigo hasta que UN DÍA, en el séptimo grado; no recuerdo todos los detalles, pero recuerdo lo suficiente para decir que; un día Maimo intentó empujarme y tirarme al suelo en plan de pelea, como él solía hacerlo delante de nuestros compañeros de clase, pero ese día decidí defenderme.
Si usted ha visto la película clásica de los años 80´s, “Historia de Navidad”, hay una escena donde el chico protagonista de gafas se avalanza sobre su compañero rufián sobre la nieve y lo golpea dejandolo hecho puré. Bueno, ¡ese día yo me sentí como ese ñiño! Golpeé a Maimo hasta sacarle los cesos, y, bueno, usted se imaginó bien, la tiranía de Maimo se acabó ese día y para siempre. Había terminado. Nunca volvimos a hablar otra vez.
Hoy en día tiranizar es una cuestión completamente diferente. Para mi hijo y el suyo, respecto a este asunto, las cosas son más difíciles y más simples al mismo tiempo. Matanzas y otros actos de venganza contra rufianes o burlones han forzado a las escuelas a tomar el tema seriamente.
De una manera extraña, la desafortunada atención que la tiranía ha recibido es una buena noticia. Cuando yo era un niño, por ejemplo, mis profesores y el conductor del autobús sabían que Maimo me molestaba pero ellos no hacían nada por detenerlo. Ellos pensaban que lo que necesitabamos era luchar o golpearnos y muchas veces ellos se quedaban de pie viendo de lejos auténticas peleas que protagonizaban otros niños.
Hace un par de meses mi hijo se quejó de que un niño comenzaba a tiranizarlo en la escuela. Jonathan no estaba seguro si golpearlo, así que, en lugar de eso, yo le dí el truco “vence al tirano”; un truco que no habría funcionado en los días en que yo tenía su edad.
Dado el contexto que acabo de mencionar sobre tiranía y violencia en la escuela, el truco es absolutamente fácil.
Contrario a lo que parece, el truco “vence al tirano” no involucra ningún tipo de en violencia, en lo absoluto. Al contrario, se trata de enseñarle a sus niños, a su profesor o quizá hasta al director de la escuela a reportar INMEDIATAMENTE a cualquiera que trate de pasarse de listo con ellos.
Yo le dije a mi hijo que si las autoridades de la escuela no resolvían el problema inmediatamente, él debía decirme para venir a la escuela a hablar con ellos. Creáme, conozco bastante bien a los funcionarios escolares para decirle que no desean ser evidenciados, ni mucho menos ser vistos como carne de anzuelo para que alguien amenaze sus beneficios.
Ahora, el único caso en el cual Jonathan está permitido a pelear es si su vida o la de algún compañero depende de él, en cuyo caso deberá luchar con empeño para defenderse. De otra manera es más sabio enviar a una “nueva escuela” a rufianes-burlones y reportarlos a las autoridades escolares.
¿ Y usted cómo le dice a sus niños que deben lidiar con sus tiranos?
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