A los papis latinos nos resulta más difícil ser buenos padres

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En mi mundo latino, se sabe muy bien que desde que nacemos nuestras vidas se centran en torno a Mamá. Por supuesto, papi es importante—en ocasiones tal vez—pero ¿y Mamá? En general, Mamá es nuestra diosa, lo máximo y más profundo de nuestras vidas.

La veneración que se les tiene a las mamas en mi cultura procede de la influencia universal del catolicismo en Latinoamérica. Durante siglos, María, la madre terrenal de Jesús, o la Santa Madre de Dios (en dependencia de las diferentes creencias) ha sido el modelo por el que se mide y se inspiran las madres latinas, incluso sin proponérselo.

Aunque tal veneración nos beneficia, la otra cara del asunto es que los padres latinos no influyen en las familias y los niños tanto como debían. De alguna manera pienso que es injusto para las madres latinas, porque asumen una responsabilidad mayor (la parte más ardua de la veneración cultural que reciben) y además, los hombres no son tan responsables en su papel de padres como debería ser.

En la Biblia, José desaparece literalmente (murió aparentemente) de la vida de Jesús en su adolescencia, y parece que de forma similar, en nuestra cultura, no se nos permite involuntariamente ser padres a plenitud desde el comienzo. Cuando hace once años nació mi hijo Jonathan, recuerdo que fui un padre holgazán. No cambié el primer pañal hasta que el niño tuvo seis meses, y SIEMPRE estaba ausente en las fiestas de cumpleaños de sus amiguitos. Al cabo de tres niños y otro matrimonio, he madurado desde entonces, pero puedo decirles que la razón por la cual me sentí con licencia para holgazanear en ese tiempo está en las pocas expectativas de los padres latinos.

Al “José moderno”, o sea, al padre latino moderno, se le trata generalmente con indulgencia y muy pocas expectativas. El mensaje conflictivo que, según veo, muchos niños hispanos reciben con respecto a sus padres es el siguiente: “lo que recibes de tu madre es lo importante. Tu padre está presente cuando puede estarlo. Hace lo mejor que puede pero no cuentes con él”.

Con el paso del tiempo, he visto tres situaciones entristecedoras en las vidas de amigos y familias queridas, donde la idea de dejar que un padre se reintegre a las vidas de sus hijos después de un par de años de completa ausencia fue inaceptable para las madres. “Es muy tarde. No ha hecho nada por su hijo, y a estas alturas no creo que necesite un padre. Me tienen a mí”. En cada una de esas situaciones, nuestras familias hispanas han rechazado universalmente la reintegración del padre. Es casi como si un padre latino no le da a la pelota una sola vez, lo ponchan automáticamente. Excepto en el caso de que una madre latina ausente sea un peligro evidente para su hijo, la exclusión opuesta de la vida a la crianza de un niño ES INCONCEBIBLE.

La repercusión cultural negativa en contra de los hombres—e incluso de la hombría—parece ser bien evidente en todo momento, y no es fenómeno único de los padres latinos. Las horribles y sórdidas historias de Arnold Schwarzenegger, el senador John Edwards e incluso en Charlie Sheen contribuyen al concepto de que los hombres son unos cerdos que simple y llanamente no sirven para nada. En el caso del padre latino, la cosa es aun peor. Tenemos la mala fama de mujeriegos, pero ADEMAS, también se nos tilda de ser un hatajo de “machistas”.

Aunque la mayoría de los padres latinos con quienes tengo Amistad no son así, creo que gran parte de las críticas que se nos hacen por ser “mujeriegos” no carecen de mérito. A los latinos nos encantan demasiado las mujeres y, en ocasiones, cuando nos casamos, nos gustan mucho más. No creo que nos propongamos mutuamente ser más responsables para que nuestros matrimonios y familias sean más sólidos.

He sufrido en carne propia la presión que se les impone a los jóvenes hispanos para perder la virginidad a edad temprana. La experimentación sexual no sólo es aceptada en nuestra cultura: se espera que la tengamos y se fomenta con firmeza. Tener muchas novias se considera una hazaña, como si los mismos hábitos que tratamos de que nuestros hijos adopten en su juventud desaparecieran por arte de magia cuando están casados y con hijos.

Lo más extraño de todo es que, a veces, e irónicamente, las madres Latinas aportan al problema. Conozco muchas madres divorciadas y casadas quienes, para mi sorpresa, se jactan entre sí–¡SI, SE JACTAN!—de las proezas de sus hijos con las mujeres, y de cómo tienen “montones de novias”. Cada vez que escucho esto, es como si confirmaran que el viejo refrán de que “los chicos siempre serán chicos” no sólo se acepta, sino que se adopta plenamente en esos hogares, una farsa que perpetúa la tragedia.

Con lo anterior no quiero decir que soy más santo que nadie, y que mi vida tampoco es perfecta. Es tan imperfecta y disfuncional como la de cualquier persona. Lo que quiero decir es que a los padres latinos se Ies dificulta mucho más hacer su papel; y que, a menos que estimulemos la responsabilidad en los chicos, y que los ayudemos a esperar más de nosotros como hombres, no lograremos tener familias más fuertes. Mi esperanza es que los padres latinos—Y las madres—casados y divorciados, colaboren para mantener los mejores valores familiares.

 

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Comments on this entry are closed.

  • Diana

    I have enjoyed your blog very much but I am very blessed and happy to be one of the latina girls who has a very involved papi in her life. Since coming to this country from Cuba both my mom and dad have been my pillars of strength and support through the good and bad. It’s very saddening to see the men in our culture fall into this stereotype but I hope as the time change so will the vast majority of them. Kudos on bringing this issue up!

  • Diana

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  • http://youtube.com/evavegadiversity evita

    I will continue to read and refer folks here. Good luck to you! Yay for Latino papis!

  • Anonymous

    Diana, congrats on having two parents that are as committed to bringing you up as they are to each other!

  • Anonymous

    Gracias Evita!

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